RASHOMON

La música de Rashomon: eclecticismo y libertad expresiva


Adriana Santos M.
Musicóloga

Tenemos el privilegio de escuchar una creación nueva de uno de los compositores más prolíficos de nuestro medio. Ha compuesto 42 obras orquestales -entre las que se cuentan conciertos, sinfonías, suites- 18 obras para instrumento solo, más de una treintena de obras para conjuntos instrumentales, dos óperas, tres piezas de música incidental para cine y dos para teatro, cinco obras vocales y una obra electroacústica. Muchas de sus creaciones han sido estrenadas en Alemania, Argentina, Austria, Chile, Brasil, Finlandia, Francia, Inglaterra, Italia y Uruguay.

La música en Rashomon denota las diversas influencias de la creación de Biriotti. Éstas se perciben en la obra como reflejo del contexto del autor y no como evocaciones.  Si en algún momento al escucha le parece percibir giros que le recuerdan a Debussy, a Stravinsky a Bartok, a Schönberg, esto es una señal de que su oído no es ajeno a las obras que han marcado la composición europea occidental de fines del siglo XIX y del XX. En la obra se pueden reconocer influencias de los autores nombrados en cuanto al tratamiento de las líneas melódicas, de la superposición de sonidos y de la libertad expresiva que están presentes en esta y otras obras de Biriotti.
Para describir estas influencias propongo escapar a las comparaciones, siempre arbitrarias,  con las corrientes pictóricas con las que es habitual que se asocie la creación musical europeo occidental, y poner el foco en la construcción sonoro-musical.
En Rashomon se puede percibir por una parte el uso de modos anteriores a la tonalidad clásica, y el trabajo sobre el discurso musical fuera de la estructura del desarrollo temático, características que recuerdan la manera debussyana de componer. Además el autor ha utilizado una gama variada de recursos compositivos, de manera que se refuerza el concepto de eclecticismo característico de su obra. Toda la multiplicidad de recursos que pueden definir a una u otra corriente musical está utilizada aquí a partir de las necesidades expresivas del autor, desde la libertad creativa que ofrece nuestra época y a la que recurre Biriotti con mesura y conocimiento.

Esta ópera de cámara se estructura en veintinueve partes. Se destacan, la introducción, intermedios, interludios, dos arias, varios fragmentos hablados o pequeños recitativos, dos dúos y el noneto final. La instrumentación es flauta, piccolo, oboe, corno inglés, clarinete, clarinete bajo, corno, piano, celesta, percusión, violines, viola, violoncello y contrabajo. La elección de este grupo instrumental, que incluye el rango instrumental de una gran orquesta, posibilitaría que la obra fuera interpretada por una orquesta sinfónica. Esto se podría lograr duplicando las partes de solista a las secciones de la gran orquesta -de hecho segmentos instrumentales de esta ópera fueron estrenados en 2014 por la OSSODRE con excelente resultado- no obstante tal vez se disiparía la esencia de una obra con pocos personajes y de un tratamiento de todos sus parámetros que genera, como en la mayor parte de la música de cámara, vínculos mucho más próximos al escucha en comparación con la envolvente música sinfónica.
La tímbrica juega un papel primordial en este pequeño grupo instrumental para el que fue compuesta la obra; la orquestación se caracteriza por el énfasis en las posibilidades sonoras de cada instrumento.
El autor ha trabajado con la escala de tonos enteros, con intervalos de segunda aumentada que recuerdan las utilizadas en la música medio-oriental, con escalas descendentes, con disonancias. Además busca la suspensión de las funciones tonales utilizando los acordes por el sonido en sí mismo, transformándose en bloques de sonido.
Es de destacar que también está presente entre las herramientas compositivas de esta obra la utilización de un elemento de composición desarrollado por Biriotti: el sistema de estructuras de permutaciones de intervalos. Consiste en la creación de distintos bloques de doce notas que no se repiten -los criterios están emparentados con la propuesta del dodecafonismo desarrollado por la Segunda Escuela de Viena- de manera que también con la técnica de Biriotti se construyen distintos conjuntos de notas con las que es posible realizar una estructura discursivo-musical. Además, como en las grandes obras de la música académica del siglo XX la percusión tiene un lugar privilegiado. Todos estos elementos, que caracterizan la construcción de la música de Rashomon, componen una obra extremadamente exigente para todos los intérpretes.

Los momentos dramáticos, como el alcanzado en la invocación de la médium, son efectuados con notas muy graves y con la discreta intervención de la orquesta. La contralto llega al Mi más grave de su registro y al Sol más agudo, por momentos el tenor y la contralto cantan al unísono; la exigencia en cada registro es máxima. Este dúo transmite un dramatismo extremo logrado con el tratamiento disonante de todas las voces; con la invocación al muerto se prepara para el clima final. La máxima tensión culmina con el noneto donde se utiliza una superposición de notas disonantes que hacia el final se va distendiendo paulatinamente llegando a un tratamiento minilmalista de todos los elementos sonoros. La obra concluye con un acorde de La menor pianísimo y un sobresaliente silencio final.